Tocar con las propias manos
Estáis ahí: doctores, brazos, ramos de flores, palabras, olvidos, trapos… sin fallecer, aunque a veces tengáis el hambre canina de unos dioses de barrio y no podáis decirle a mi madre que no me resigno, que yo me levanto. Estáis ahí, a finales de mayo y estaréis ahí todos mientras llueva. Pero no basta, hay que andar con los propios pies y tocar con las propias manos.