3. Saludó…

Saludó con la mano a su viejo vecino que en ese momento parecía haberse quedado petrificado sobre la mecedora. Para ir a la iglesia tenía que cruzar el bosque. Su propósito era firme. Sabía que esto sería especialmente difícil pero no podía dejarse vencer al primer intento. Recorrió el trecho que le separaba del mismo sin dejar de apartar la vista de su vecino, que seguía inmóvil en su tumbona. Cierto era que nunca le había saludado, pero hoy, que había tomado la irrevocable decisión de cambiar, había que ser amable también con él. Volvió a saludarle al pasar frente a la cancela que daba entrada a su granja. El viejo se levantó tembloroso y convulso e hizo un áspero gesto como de despedirse. Entró a su casa con la celeridad que le permitían sus reumáticos huesos y sin cerrar la puerta se quedó oculto en la penumbra de la entrada. Gayol no le dió ninguna importancia, era de esperar que aquel viejo chocho, que era su vecino desde hacía veinte años -cuando llegó a vivir al campo- y al que nunca había saludado, se comportase esquivamente en su primer intento de establecer amigables relaciones vecinales. En cambio le intranquilizaba que el viejo continuase observándole tras la puerta. Nunca se había sentido acechado -hubiera sido fatal para sus antiguos propósitos- pero, conforme avanzaba, sentía tras su espalda la mirada clavada de aquel insólito abuelo. Al girar su cabeza, el ochentón cerró de un portazo. [...]

Tags :

Google Reader Yahoo Facebook Twitter Digg FriendFeed Delicious Google Translate
This entry was posted onOctubre 31st, 2006 at 11:44. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can Leave a response, or Trackback.
«

No Response

Comments(2)Trackbacks(0)

  1. carlos

    Muy atrapante tu relato.
    me enbcanta tu estilo.
    gracias por tu visita.

    31/10/2006 17:26 | #1
  2. Ahasvero

    Gracias a tí, carlos, por tus comentarios.

    02/11/2006 08:19 | #2

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.