Heinrich Zimmer

El bosque se interna en él a través de sus cabellos -he de aclarar que no siempre es el portador del caduceo pero la seguridad de su porte le da un color especial y, aquel miedo ancestral al despedazamiento que todos llevamos dentro, es conjurado por un disfraz mucho más aterrador aún.
Atravesamos la isla con el mandala pero no hallamos rastro de la máscara maldita. El Océano nos rodea como el aire a un pájaro indefenso, como una serpiente constrictor a su presa.
Y es de nuevo el tridente de Neptuno el que se clava en la túnica. Y Zimmer se desmaya.

He de reconocer que estoy realmente perdida. Mi impaciencia sólo favorece al culpable.

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This entry was posted onJulio 3rd, 2007 at 11:57. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can Leave a response, or Trackback.

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Comments(2)Trackbacks(0)

  1. Anonimo

    Enigmático cuento… sin duda para pensarlo

    03/07/2006 19:20 | #1
  2. E.D.G.

    Cómo temo esos anónimos!

    03/07/2006 19:55 | #2

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