
Simplemente porque es preciosa, Levine, y adoro su colección de brazaletes, quiero confesarle cómo adquirí mi condición de hombre loco, de crazy man, como me llamaban en la universidad.
Un día de verano, un nuboso día de verano, vi su foto en la orla de la facultad. Usted —permítame que le llame de usted— acababa de obtener el doctorado en Psicología Criminal y, en su tesis doctoral, un sobresaliente cum laude. Al ver su cara, sus enormes y oscuros ojos, su mentón y sus gruesos labios sentí una terrible curiosidad …
Bajo la Estación de S. Lázaro ha transcurrido la historia de esta mañana. Tras hacer una obligada visita a los servicios, he podido observar el trasiego de gente. Eclipsada tras mi taza de té, esperé paciente. Un chivatazo, que parecía bastante fiable, me alertó de una posible nueva actuación estelar de nuestro hombre. He contemplado fugas, carreras, abandonos de sombreros de paja, cruces precipitados… pero nada de acción por su parte, ningún intento de homicidio, ni siquiera los habituales robos y tirones.

Como estas flores rojas, así es la sangre de los inocentes… El Apocalipsis comienza aquí… Todo está dispuesto y el plan se cumplirá, os lo aseguro. No importa lo estrechos que sean los senderos.